3 de Enero

“Cuando acabó de hablar, le dijo a Simón: Lleva la barca hacia aguas más profundas, y echen allí las redes para pescar.” Lucas 5:4 (NVI)

Echar

Pedro y los suyos eran pescadores y conocían el lago. Habían vivido y pescado allí por años. Estaban habituados a su trabajo. A veces pescaban mucho, a veces no. Esa noche había sido especialmente mala. Un mal día de pesca significaba hambre para ese día y problemas financieros para la semana. No había venta pero había que pagar los jornales. Era triste y frustrante la situación.

Estaban remendando las redes cuando llegó un maestro. Era un hombre distinto. Cuando hablaba cautivaba a las multitudes y enseñaba cosas maravillosas. Lo seguía tanta gente que era imposible que todos escucharan. Así que Jesucristo improvisó un púlpito en la barca de Pedro, sentó a la multitud en la orilla y comenzó a enseñar. Había muchas barcas en la orilla esa mañana, pero Cristo eligió la de Pedro.

La mañana se pasó volando. Cuando terminó el sermón, Cristo se dio vuelta y le hace este pedido al cansado pescador. No sabemos de que habló Jesucristo ese día, ni que cosas dijo. Pero de algo podemos estar seguros. Lo que dijo impactó terriblemente en este duro pescador. Porque ante este pedido, su respuesta fue sincera y directa:

Estamos cansados y frustrados. Intentamos pescar algo durante toda la noche, pero fue inútil. No dormimos nada, y volvimos con las manos vacías. Ya no es tiempo de pescar, los cardúmenes están descansando y lejos de nuestro alcance. Pero como el pedido es tuyo, en tu nombre vamos a echar las redes.

La realidad era muy oscura, y el pedido parecía fuera de lugar. El Maestro era carpintero, no pescador. Pero su Persona impactaba y daba confianza. Los cansados pescadores, llevaron a Jesucristo hasta el centro del lago y casi con desgano tiraron las redes. Cuando quisieron sacarlas ¡no podían hacerlo del peso de los peces que habían pescado! ¡No podían creerlo!

El milagro de Dios siempre está disponible, pero solo pueden recogerlo aquellos que tienen la voluntad y la fe de ir a aguas más profundas y echar las redes. Si te quedás siempre en la orilla de tu vida, nunca va a pasar nada. ¡Que puedas en este año que comienza ir bien profundo y tirar con confianza tus redes! El milagro está a las puertas. Solo hace falta ir a buscarlo.

REFLEXIÓN – ¿Echaste tu red hoy?

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